Abril

Un alma pura es el tesoro del recreo en los pálpitos de la infancia, la contemplación de lo excepcional cuando es tan solo un resplandor. Es observadora perpetua. Es una pupila que respira. Es cíclope.

Es la que reverbera, la que bulle en tormento y florece en paz. La que se manifiesta delicada de los nervios.

Un alma pura es huérfana. No es nunca inmaculada. Es literal, sin dobles sentidos. Sin tratamiento prescrito. Es ilegal.

Es la de un artista sin fórmulas, la de un ser que ama. Es tal redundancia. Es la de un niño veterano que ha vencido a la idiotez, la de un hombre de magia calada.

Es la que halla lo que no se sabe perdido. La que mira desde el fondo de un estanque. Y desclava las palabras para que no duelan. Y apacigua tras el suspiro. Y te arrulla.

Un alma pura te vacía y te completa. Su belleza es el absurdo del infinito.

 

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